martes, 3 de diciembre de 2013

0 Cuando el amor gana al fútbol

Ricardo Penella (Valencia, 1983) es hijo de Ricardo Arias, mítico ex jugador valencianista. Esa condición, al contrario de lo que se pueda pensar a priori, le cerró muchas puertas dentro del mundo del fútbol en la Comunidad Valenciana. Emigró varias veces en busca de su sueño, triunfar sobre el césped. Hace cinco temporadas fichó por el Falkenbergs FF sueco, donde por fin había encontrado su sitio y se sentía valorado, aunque finalmente renunció a la mejor oportunidad de su carrera por estar a al lado del amor de su vida.

Un chico extrovertido, sencillo y seguro de sí mismo. Así es Ricardo Penella Águila, de 30 años. Antes de nacer ya tenía un gran vínculo con el fútbol. El hecho de ser hijo de un icono del Valencia, Ricardo Arias, le facilitó las cosas en sus inicios con la pelota. Sin embargo, que su padre fuera quien es representó un gran inconveniente para él a la hora de dar el paso al campo profesional, el siguiente peldaño para un juvenil que despuntaba en las categorías inferiores del club blanquinegro.

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Penella con el Falkenbergs. / Cedida por el jugador
“Ser hijo de Arias era una sensación bonita al principio, aunque luego se hizo pesado”, cuenta Ricardo, ‘Richi’ para sus amigos. Dio sus primeras patadas al balón en el extinto Benimar por iniciativa propia, siguiendo los pasos de su progenitor, que aún seguía en activo. Más tarde hizo méritos para ganarse un puesto en la cantera del Valencia, donde progresó notablemente. “El cartel de “hijo de” siempre ha estado ahí, incluso ahora, pero acabas llevándolo con naturalidad”, cuenta. Su ilusión por “llegar lejos” era lo que le movía a esforzarse más, no tanto la presión por su ADN.  

Ascendió a Segunda B con el filial valencianista y jugó una promoción de ascenso a Segunda. El entrenador César Ferrando fue su gran valedor. Después, el director deportivo del Valencia, Jesús García Pitarch, decidió prescindir de Ricardo pese a que el jugador contaba con el apoyo total del cuerpo técnico. La relación entre Pitarch y Arias no era buena y eso repercutió negativamente en el delantero. “Salir del Valencia fue un bajón, llevaba toda la vida en la escuela. Para un valencianista como yo fue duro, ya que estaba muy cerca de cumplir mi sueño”, comenta. Perdió siete kilos en mes y medio por el mal trago.

Periplo lejos de Valencia

Más tarde recalaría en la cantera del Real Zaragoza, ya no era el club de sus amores y le costó adaptarse, sobre todo al principio. Poco a poco las cosas le fueron saliendo y el primer año anotó 18 goles, el mejor registro de su carrera, encandilando a Miguel Pardeza, secretario técnico zaragocista. También participó en entrenamientos con la primera plantilla, quedándose a las puertas de entrar en alguna convocatoria. Salió del filial maño de una manera parecida a como se fue del Valencia, esta vez fue la dirección deportiva quien contaba con él, pero el técnico, Jesús Solana, no contemplaba su continuidad. “Era una situación complicada y a ello se sumó un problema personal. Decidí marcharme a Tenerife con mi padre”, afirma ‘Richi’.

En Canarias comenzó jugando en Tercera con Las Zocas, se recuperó anímicamente y recobró la ilusión por el fútbol. Firmó un gran año y el San Isidro le fichó para competir en Segunda División B. Era un recién ascendido con muy poco presupuesto y el conjunto acabó descendiendo en la última jornada. Tras su aventura por el archipiélago, Ricardo volvió con su familia a Valencia. No tuvo opción de jugar en Segunda B, ya que los dirigentes de varios equipos punteros le hicieron la cruz por ser hijo de quien era. Los 'enemigos' del gran Arias se cebaron con él. Recaló entonces en el Alzira, un conjunto destacado en Tercera. 

Llamada desde Suecia

Penella armando su zurda. / svenskafans.com
A mitad de temporada las cosas se le torcieron al equipo alcireño y Penella regresó a Tenerife para devolver al San Isidro a Segunda B. Las navidades de ese año las pasó en la capital del Turia y fue entonces cuando conoció a Sandra, una compañera de trabajo de su hermana Elena. Comenzaron una relación y volvieron juntos a la isla. “Estaba encantado, compartir todo con alguien que se entrega por ti al máximo es muy bonito”, afirma. Más adelante, el club tinerfeño le hizo una propuesta económica de renovación a la baja que no aceptó. Su padre le recomendó marcharse fuera y el Falkenbergs FF, equipo de la Segunda División sueca (Superettan), llamó a su puerta: “No me lo pensé, me encontraba bien físicamente y acepté sin dudarlo”.

Sus primeros días fueron complicados, el cambio de vida, de rutina, el clima... Era todo “muy diferente a Valencia o Canarias” y además su fútbol, más técnico, contrastaba con el predominante, de corte físico. Convenció a todos “en cuanto salió el sol” y firmó por dos campañas, siempre pensando en lo mejor para él y Sandra. El primer año en Suecia fue espectacular en lo futbolístico. La pareja era feliz allí, ‘Richi’ era un ídolo entre la afición y gozaba de todas las comodidades posibles, sin embargo, el día a día de Sandra se empezó a hacer cuesta arriba desde el momento en que perdió su empleo en un hotel y pasó a depender exclusivamente de Ricardo. “Ella puso todo de su parte para estar junto a mí, pero la muerte de su abuelo fue la gota que colmó el vaso”, dice el deportista. 

La decisión

Sandra volvió a Valencia a mitad de temporada y al finalizar la misma el Falkenbergs amplió su vínculo con Ricardo dos cursos más. Era la estrella del equipo, el jugador más consentido por los dirigentes y la grada. No fue suficiente: “Decidí volver para estar con ella. Puse en una balanza lo que podía sacar de provecho estando separados y todo lo que tenía a su lado. A lo mejor he perdido años de gloria deportiva, pero a día de hoy he ganado una mujer que espero que sea la madre de mis hijos”. Abandonar Suecia no fue fácil para el jugador franquicia del equipo y el club puso algunas trabas para dejarle ir: “Tuve que firmar una cláusula que me obligaba a indemnizarles en caso de fichar por un equipo de Segunda B o superior en España los dos años siguientes. En el momento en que la firmé supe que el fútbol se acababa, pese a que tenía 25 años”. 

Ricardo junto a Sandra. / Cedida por el jugador.
Ricardo retornó a Valencia para estar junto a Sandra. Él volvió a los terrenos de juego a otro nivel, muy inferior al que le correspondía por su categoría en el rectángulo de juego, Regional Preferente. Ha pasado desde entonces por el CD Torrent, Paterna, Torrent CF, La Eliana y Requena, donde da muestras de su calidad actualmente organizando el juego del equipo. Su último empleo fue como dependiente en una conocida tienda de ropa y ahora valora afrontar nuevos proyectos laborales. A ella, por su parte, le va bien en su trabajo y es feliz. Ambos contrajeron matrimonio el pasado mes de septiembre, comparten vida en San Antonio de Benagéber (Valencia) y ya están buscando ampliar la familia. 

En el caso de Ricardo Penella el amor venció al fútbol, rompió con todos los tópicos: “Soy el hombre más feliz del mundo, he ganado una vida”. Aún sigue pendiente del Falkenbergs, donde conserva muchos amigos. Ascendió la pasada campaña a Primera División (Allsvenskan).


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