lunes, 3 de marzo de 2014

0 Se les rompió el fútbol de tanto usarlo

Se les rompió el fútbol de tanto usarlo. De tantas posesiones sin medida. De darse por completo a cada carrera, se les quedó en la mano un buen día. Se les rompió el fútbol de tan grandioso. Jamás pudo existir tanta belleza. Las cosas tan preciosas duran poco, jamás duró una flor dos primaveras. Nos enamoramos de ellos por mucho tiempo, disfrutábamos como niños. Jamás pensamos nunca en el invierno, pero el invierno llega aunque no quieras. Y una tarde gris frente al televisor, sentimos un crujido frío y seco. Cerramos nuestros ojos y pensamos: "Se les rompió el fútbol de tanto usarlo". 

Esta versión es la que hubiera hecho Rocío Jurado después de ver el juego del Barcelona con el Tata a los mandos. Cuán grande y poderoso puede ser un equipo y cuán pequeño y débil puede tornarse. Son ciclos, es ley del deporte... Cualquier explicación no evita la pena que puede sentir un aficionado al balompié que ve y comprueba en lo que se ha convertido el juego azulgrana. Escribo esto después de una victoria con goleada al Almería en el Camp Nou, con el equipo a un punto del liderato, clasificado para la final de Copa y con un pie en cuartos de Champions League, ¿contradictorio? Para nada. 

Guardo a buen recaudo todos los vídeos que recogen los logros de la era Guardiola, porque cualquiera que adore este deporte debe tener esos momentos como ejemplo de lo más cercano a la perfección. Porque eso, señores, es la forma más perfecta en la que se puede jugar a la pelota. Los errores eran prácticamente inexistentes, sólo el juego aéreo se les hacía pesado, sólo eso. Todos sabéis lo que proponían, cómo lo proponían y los resultados que obtenían. Y hoy eso se acabó, murió con la marcha de su ideólogo, pereció con el adiós del mentor. No volverá, era escéptico, pero no creo que mis ojos vuelvan a ser testigos de algo semejante. Ojalá no esté en lo cierto, por mi bien y por el de este deporte.

¿Qué queda de ese equipo? Los nombres, sólo los nombres. Esas piernas ya no son capaces de ahogar al adversario con una presión atroz, de derribar muros con asociaciones imposibles, de golear hasta la extenuación como si no hubiera mañana. Sólo quedan los nombres, que no es poco, porque siempre les podremos agradecer todo lo que nos dieron, no más. Por eso estoy triste, en el sentido más ínfimo de la palabra, sufro viendo cómo se desenvuelve ese grupo ahora, viendo cómo padecen intentando recuperar su don. Él se marchó a otra parte, les dio la espalda, no les pertenece. Que no sigan buscándolo porque no lo van a encontrar, aunque digan, aunque hablen. Es hora de volver al origen, de ir al punto de partida teniendo como referencia aquellos momentos históricos, aquellos años mágicos, siendo conscientes de que los comienzos siempre son duros y que costará. No caben parches que únicamente sirven para alargar la agonía, hay que vaciar el cubo, limpiarlo y volver a llenarlo.

Toca tomar decisiones importantes, mover ficha. El fracaso puede convertirse en el mejor amigo de este Barcelona, un golpe necesario que le mande al barro, lo ensucie y le obligue a limpiarse. El equipo sobrevive en todas sus competiciones, aguanta pendido de un cordel muy fino, que puede romperse en un santiamén. Eso no es nada bueno. Ese no eres tú, Barça, no engañes, asúmelo. Parecerá pronto para escribir esto, pensaréis algunos mientras os apoyáis en la estadística y los números. Sin embargo, lo cierto es que, para tristeza de todos, a este equipo, definitivamente, se le acabó el fútbol de tanto usarlo. 


                           
 

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