miércoles, 16 de julio de 2014

1 Messi ya no es un perro


Fin del Mundial 2014 y de la posibilidad para Leo Messi de lograr uno de los pocos títulos que le faltan en su palmarés. Mario Götze le dio a Alemania el tetracampeonato ante Argentina en el 113', tras una buena asistencia de Schürrle desde la izquierda. Para atenuar la pena del capitán albiceleste, la FIFA le otorgó el trofeo que le acredita como mejor jugador del torneo, una falacia, una tomadura de pelo que hasta él parecía saber en el momento de recogerlo en la tribuna de Maracaná. Cabizbajo, perdido, quizá indolente, pasota o soberbio, las imágenes de ese instante dan para sacar varias conclusiones y sólo él sabe cuál es la acertada. Sin embargo, una verdad irrefutable es que algo ha cambiado, algo muy importante: no es el futbolista que maravilló a todos, que enmudeció estadios, que atemorizó a sus rivales y a sus seguidores, que era capaz de fintas y eslalons de fantasía, que se dejaba la piel por el juego, por la pelota, por sus compañeros. Messi ya no es el mismo. 

Antonio Cuccitini, abuelo materno del 10 del Barça y Argentina sabía lo que se decía una vez comenzada la Copa del Mundo en Brasil: "Ahora no corre, no me convence. Soy sincero y no me gusta la fanfarronería. Lo veo medio flojo. Tiene que levantar un poco el espíritu". Don Antonio acertó de pleno, como también lo hizo en su día Ángel Cappa dando a conocer su opinión sobre 'La Pulga': "Lo veo un poco apagado. Lo veo cumpliendo su tarea profesionalmente, pero le falta ese amor al juego, esa locura, esa pasión que le hace encarar por izquierdas, por derechas, gambetear a uno, a dos, y eso veo que Messi lo ha perdido". "Es como si llevara 15 años de matrimonio con el fútbol y se ha aburrido", añadió.

Algunos recordaréis una entrada en el blog 'Orsai' del periodista y escritor argentino Hernán Casciari titulada 'Messi es un perro', que más tarde fue convertida en vídeo con mucho éxito por Norberto Jasenson. En ella se compara a Messi y el balón de fútbol con la mascota de la infancia de Casciari, el can Totín, y su esponja. El autor del post define a Leo como un ser extraordinario, puro, que sólo tiene entre ceja y ceja el cuero, que no le importa nada más que jugar, no entiende de leyes, normas, triquiñuelas, amistosos o finales, porque sólo le vale llevar la pelota al fondo de la red, como Totín quiere llevarse la esponja a su sitio una y otra vez. 




"Si lo dejaran, no haría otra cosa. Llevar esa esfera blanca a los tres palos todo el tiempo, como Sísifo. Una y otra vez. Guardiola dijo, después de los cinco goles en un solo partido:

-El día que él quiera hará seis.

No fue un elogio, fue la expresión objetiva del síntoma. Lionel Messi es un enfermo. Es una enfermedad rara que me emociona, porque yo amaba a Totín y ahora él es el último hombre perro. Y es por constatar en detalle esa enfermedad, por verla evolucionar cada sábado, que sigo en Barcelona aunque prefiera vivir en otra parte", escribió el periodista aquel lunes 11 de junio de 2011. El Barcelona venía de lograr en 2009 algo que ningún club había logrado hasta entonces: ganar seis títulos en una temporada. Y firmó más tarde la mejor época azulgrana de la historia. Ha llovido mucho desde entonces.

El contexto hoy es muy diferente. El Barcelona ya no gana y Messi ya no es el hombre perro de Casciari. Ya no quiere a la pelota más a que a nada en el mundo. El chico rosarino muestra con cuentagotas sus habilidades diferentes, ha aprendido a decir dos frases seguidas, es sociable y se ha empapado mucho de la picaresca en el mundo del fútbol y del abuso de la jerarquía en un vestuario. Se ha corrompido, perdió su pureza, esa que puso el mundo a sus pies. 

Muchos leerán esto y podrán decir que no tengo ni idea, que 28 goles en 31 partidos en liga la pasada temporada son números dignos de un superclase como él y que ocho tantos en Champions, otros cinco en Copa del Rey y cuatro en el Mundial bastan para decir que Messi sigue siendo el mismo. Pues no, me mantengo en mis trece. No hay que echar mucho la vista atrás para hacer la comparativa entre el Leo de ayer y el de hoy. Con el de antes sabías que no la perdería, que nadie le pararía, marcaba goles de todas las formas y colores. Con el de ahora cuentas con los dedos de una mano las veces que logra librarse de un rival en velocidad o driblándole y agradeces las penas máximas o los tiros libres en posiciones francas para que vuelva a sentirse el mejor, aunque se engañe.

Siento lástima, porque me gusta mucho este deporte, y por ello prefiero quedarme con "el mejor jugador de todos los tiempos", con el que idolatraba Casciari, con el que dejaba obras maestras en cada estadio, con el de los cuatro balones de oro, con el clon mejorado de Maradona, con el odiado por la Argentina, con el hombre perro que fue, que ya no es y que quizá vuelva a ser.  

 

 

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