viernes, 30 de enero de 2015

0 Esperando a Nuno...

Es muy triste que en el periodismo deportivo de hoy no ser un forofo suponga ser el enemigo, sin medias tintas. Cuando uno acude a tertulias en medios de comunicación para dar su opinión, se dedica a eso, simplemente. Lejos de tener mayor interés que expresar lo que pienso o creo, cuando hablo del actual arquitecto de juego del Valencia, Nuno Espirito Santo, no tengo ninguna duda: espero más de él. El equipo está cuajando una buena temporada en Liga -manchada por una incomprensible eliminación copera de la que el preparador es el principal culpable-; los jugadores dan el máximo como locales en la competición doméstica contra los grandes y rivales directos, pero la imagen del equipo fuera de Mestalla ante oponentes de menor rango deja que desear y ese bajón es responsabilidad de Nuno. Es tarea fácil para los que juegan motivarse en su estadio con una afición que se entrega al máximo, cuando son el centro de las miradas en todo el planeta, pero ¿y en los demás duelos? Se puede jugar mejor o peor, pero las ganas, la rabia, el hambre... son innegociables.

El entrenador de fútbol moderno es mucho más que un experto titulado capaz de leer los partidos, tomar las decisiones adecuadas durante los mismos, preparar la estrategia y analizar al rival. Un buen técnico -el que quiere aspirar a ser top- debe cumplir una serie de requisitos y Nuno carece de uno fundamental -por lo demostrado hasta la fecha-. El santotomense tiene el respeto de la plantilla por llegar de la mano del dueño del club, no por su trayectoria o su metodología de trabajo. Da la sensación de que con él es más fácil romper el tópico de "sale más barato echar a uno que a 20" y los jugadores lo saben -los que no lo sabían eran las casas de apuestas a principio de temporada-. Sin embargo, no ha logrado conectar con los futbolistas hasta el punto en que den 'la vida' por su persona en cada enfrentamiento, sin importar quien esté delante.

Mantener a los Parejo, Gomes, Otamendi, Rodrigo y compañía con sed de triunfo en todos los partidos es deber del preparador, así de rotundo. Presuponer que la motivación es intrínseca en los deportistas que están mejor que bien pagados es no conocer cómo son la mayoría de ellos. Necesitan un líder nato que les guíe, en el que confiar dentro y fuera del verde, por el que partirse la cara aún cuando no les apetece calzarse las botas porque no tienen su mejor día o los pájaros revolotean por sus cabezas. Ese es el detalle que separa a los grandes entrenadores del resto. Nuno ha sabido convencer a la afición, esta hace todo lo que pide, las pruebas están ahí. Se maneja muy bien ante las cámaras y los micrófonos, se ha ganado a gran parte de la prensa -hasta han acuñado el término nunismo-, aunque no lo ha logrado así con sus pupilos.

No cabe duda de que el Valencia es un equipo joven, pero también bastante caro -el cuarto de España- y con calidad de sobra para luchar por la tercera plaza en Liga y algo más. Chirría ver al Espanyol -con todos mis respetos- en semifinales de Copa y no al primer proyecto del magnate Peter Lim. Los che tienen por delante 18 finales, que de jugarlas de la misma forma que ante Atlético, Barcelona, Real Madrid o Sevilla en el presente curso, pueden convertirles en un serio candidato al título. Y no, no me he fumado nada, lo prometo, así lo creo y por eso sigo esperando a Nuno. Y si las jugaran igual que ante los citados rivales y perdiera, no habría reproches porque, para los verdaderos amantes de este deporte, el cómo siempre es lo más importante.
 

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